VIOLENCIA DE GÉNERO, UN VIRUS INVISIBILIZADO

A causa de la pandemia del COVID-19, los seres humanos nos hemos visto obligados a dejar de lado esa libertad a la que estamos tan acostumbrados y quedarnos en nuestros hogares para resguardarnos y evitar la propagación del virus.


En Colombia, los gobernantes se han concentrado en implementar diferentes medidas para afrontar esta difícil situación, así como promocionar campañas sobre la higiene, junto a los medios de comunicación, para evitar que la curva de contagios continúe creciendo. Asimismo, las redes sociales se han inundado de mensajes que llaman a que las personas aumenten tanto su productividad, como los espacios de unión familiar. Sin embargo, hay múltiples problemáticas por enfrentar y en ese contexto, surge la siguiente pregunta ¿Qué medidas se han adoptado para combatir el alarmante número de víctimas de violencia de género en este tiempo de confinamiento?



Fuente: RCN Radio


Este tipo de violencia es definida en el Artículo 2 de la Ley 1257 del 2008 como “cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos (...)”. Se entiende entonces que la violencia de género nace y se legitima a causa de las condiciones estructurales que se han configurado en la sociedad, pues históricamente se ha normalizada y considerado que esta problemática es un asunto familiar que no requiere de intervención externa, lo cual ha invisibilizado sus efectos; a pesar de la normatividad que existe al respecto.


Se entiende entonces que la violencia de género nace y se legitima a causa de las condiciones estructurales que se han configurado en la sociedad, pues históricamente se ha normalizada y considerado que esta problemática es un asunto familiar que no requiere de intervención externa, lo cual ha invisibilizado sus efectos.

Ahora bien, en la situación actual los esfuerzos giran en torno a la superación de la pandemia y la recomendación más escuchada es: “quédate en casa para no correr peligro”. Lastimosamente, no todas las mujeres que tienen el privilegio de tener una casa la consideran un espacio seguro, por el contrario, reconocen ese espacio como una amenaza a su integridad física e incluso la perciben como como una cárcel.


A un mes del inicio del confinamiento obligatorio en Colombia, el panorama para las mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar se ha tornado mucho más tenebroso. Lo que más les mortifica no es precisamente estar encerradas en casa sin poder salir (como le pasa a la mayoría de los colombianos) sino a convivir aisladas en casa con su agresor las 24 horas del día y los 7 días de la semana. En este espacio, no sólo deben cumplir con sus obligaciones laborales, en el caso de las que se les permite trabajar, sino que también deben estar atentas a satisfacer las necesidades de su pareja e hijos; encargándose del cuidado del hogar al que hemos sido delegadas las mujeres históricamente y que en estos días se vuelven mucho más arduas.


Según la ONU Mujeres, las llamadas de auxilio por violencia de género durante la cuarentena han incrementado en un 50% y lastimosamente hasta el 4 de abril fueron reportados 12 feminicidios. Este alarmante aumento en las denuncias es en parte, el resultado de las ineficiencia institucional para implementar política óptimas que busquen dar solución al problema, de modo que se detengan las agresiones antes de que sufran daños letales. Adicionalmente, esto es invisibilizado nuevamente por los medios de comunicación que se centran en dar a conocer exclusivamente noticias de la pandemia.


Según la ONU Mujeres, las llamadas de auxilio por violencia de género durante la cuarentena han incrementado en un 50% y lastimosamente hasta el 4 de abril fueron reportados 12 feminicidios.

Pese a que se han creado campañas en redes sociales por parte de diferentes grupos de mujeres para brindar ayuda a la población que lo requiera, se han habilitado líneas de atención telefónicas por parte de las autoridades gubernamentales e incluso en algunas ciudades se han abierto hogares de acogida con el fin de garantizar la seguridad de las mujeres amenazadas, los esfuerzos no han sido suficientes y, a decir verdad, la solución a este problema no será inmediata. Sin embargo, es necesario que como sociedad empecemos a saldar esa deuda histórica que se tiene con las mujeres.


Ahora bien, este cambio puede iniciar incluso desde nuestros hogares, educando a los miembros de la familia para que no continúen estas estructuras sociales que normalizan este tipo de violencia de género. Sin embargo, será imprescindible que el Estado cumpla también su deber frente a la prevención de este tipo de violencia, de modo que gobernaciones, alcaldías y órganos de control planeen y ejecuten las políticas necesarias para garantizar durante este tiempo de emergencia la atención integral a esta población víctima. Asimismo, sería muy importante que los medios de comunicación hagan más visibles los indicadores que se tienen en cada ciudad respecto a los episodios de violencia de género, los protocolos de atención y los organismos encargados de esta atención; ya sea por decisión propia o por solicitud de las autoridades.


Así pues, con la información veraz emitida por los órganos competentes y viralizada por los medios de comunicación, nuestro aporte como sociedad es conocerla, apropiarnos debidamente del tema y compartirla con nuestro círculo social para ampliar su alcance y lograr un cambio estructural. Como mujeres debemos aprender a ser mucho más sororas y dejar a un lado la crítica hacia las víctimas que alimenta la invisibilidad ¿Y tú? ¿Cómo aportas en la reducción de esta curva?


Catalina Barco Marroquín - Cali.

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