ROBUSTECER EL CENTRO COMO ESTRATEGIA PARA DETENER EL REFORZAMIENTO DEL RADICALISMO POLÍTICO

El éxito de las campañas de Donald Trump en Estados Unidos, del Brexit en el Reino Unido, de Jair Bolsonaro en Brasil, de Iván Duque en Colombia, entre otras, evidencian que los extremos se han consolidado como gran fuerza electoral. En este escenario, es pertinente cuestionarse acerca de los desafíos que enfrenta la democracia y la importancia del centro político como herramienta de diálogo y construcción de consensos. A pesar de ello, se debe tener presente que construir una alternativa que no pase por dos opciones radicales antagónicas, es un ejercicio que necesita tiempo, esfuerzo y más aún en un contexto de división y polarización de la sociedad. En este sentido, el interrogante es ¿Cómo lograrlo?


El éxito de las campañas de Donald Trump en Estados Unidos, del Brexit en el Reino Unido, de Jair Bolsonaro en Brasil, de Iván Duque en Colombia, entre otras, evidencian que los extremos se han consolidado como gran fuerza electoral.

En primer lugar, es necesario mencionar que el electorado se siente atraído a los extremos por distintas razones. En el caso estadounidense el rechazo por la clase política tradicional, la inconformidad con la situación económica y la posición frente a la política migratoria desempeñaron un papel fundamental. En el caso colombiano, la inconformidad con el gobierno de Juan Manuel Santos, las preocupaciones de cierto sector de la población con la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC y el temor a un gobierno de extrema izquierda de Gustavo Petro son consideradas por muchos como las variables explicativas del triunfo del candidato del Centro Democrático. Por otro lado en Brasil, el desencanto con el Partido de los Trabajadores y los escándalos de corrupción en los cuales estuvieron vinculados Lula da Silva y Dilma Rousseff generaron un escenario ideal para que emergiera una figura ultraderechista opositora.



Fuente: Gustavo Ariel Roldán


De manera que no existe un único factor explicativo frente a la preferencia de los ciudadanos por los extremos, sino que es necesario realizar un análisis de la coyuntura y contexto de cada caso. A pesar de ello, es posible identificar un elemento común en todas las situaciones citadas previamente: la inconformidad de la población con el Gobierno de turno o con la clase política tradicional. Por lo tanto, los ciudadanos perciben que la situación nacional va a mejorar considerablemente a través de la elección de estas alternativas o por lo menos no va a empeorar. Sin embargo, cuando estas figuras asumen sus cargos se enfrentan a la gobernabilidad de una sociedad fragmentada y polarizada en la cual llegar a acuerdos mínimos se convierte en una lucha constante. Por lo cual, la división de la población parece ser una buena estrategia para conseguir el poder pero un obstáculo para administrarlo.


No existe un único factor explicativo frente a la preferencia de los ciudadanos por los extremos, sino que es necesario realizar un análisis de la coyuntura y contexto de cada caso. A pesar de ello, es posible identificar un elemento común en todas las situaciones citadas previamente: la inconformidad de la población con el Gobierno de turno o con la clase política tradicional.

Ante esta situación, se hace evidente la necesidad de construir mecanismos de diálogo y concertación no solamente entre líderes políticos y partidos, sino también entre la sociedad civil. Esta tarea puede ser llevada a cabo a través de movimientos o iniciativas moderadas, que logren tanto articular como contrastar las posiciones y propuestas de modelos que parecen irreconciliables. Para ello, en primera medida es imperante que el centro tenga una posición política definida pues de lo contrario, los ciudadanos percibirán que es una alternativa basada en la conveniencia y en la ausencia de compromiso con temas fundamentales en la política nacional. La cuestión no es eliminar la diferencia, pues la existencia de distintas posiciones es elemental para el ejercicio democrático. Sino, promover la coexistencia pacífica, respetuosa y enriquecedora de las divergencias.


Es importante resaltar que, el centro suele ser cuestionado por carecer de principios. Por lo cual, como se mencionó anteriormente es fundamental que se constituya como un defensor constante y permanente de determinadas políticas, principios y temáticas que faciliten la adhesión e identificación por parte de la ciudadanía con sus ideales e iniciativas. En este sentido, es fundamental que la existencia del centro sea una constante en la vida política y no una excepción que surja únicamente en el contexto electoral. Ahora bien, cabe destacar que la identificación o visión positiva de las iniciativas moderadas por parte de los ciudadanos no es suficiente, pues es necesario que se traduzca en un apoyo electoral elevado que contrarreste y constriña la emergencia de las figuras radicales. Para ello, se debe promover una cultura política democrática, activa y participativa.


En este sentido, es fundamental que la existencia del centro sea una constante en la vida política y no una excepción que surja únicamente en el contexto electoral.

Por último, cobra relevancia traer a colación que una de las principales causas por las cuales los ciudadanos optan por respaldar a candidatos que representen los extremos es la inconformidad con la política tradicional. Por lo cual, los movimientos y líderes moderados deben consolidarse como alternativas innovadoras y novedosas que no estén vinculadas con las prácticas negativas que han generado malestar en los ciudadanos tales como el clientelismo y la corrupción. Así mismo, deben liderar la promoción de la unidad nacional en torno a acuerdos que vinculen a toda la sociedad y del respeto y construcción de consensos entre múltiples actores con posiciones diversas.

Valentina Palacios Bejarano - Bogotá.

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